Cuando nuestrx hijx se equivoca







Qué difícil es no enojarse cuando tu hijx tira un vaso de agua al suelo y lo moja todo, ¿verdad? Seguro que os viene a la cabeza situaciones similares que hayáis vivido en vuestro hogar. Cuanto autocontrol debemos tener para no gritar o no decir algo que pueda lastimarles. A veces nos supera el cansancio o simplemente las prisas. Somos humanos. Pero miremos esta situación desde un enfoque positivo. Hoy no se trata de fustigarnos ni compadecernos. Hoy se trata de aprender del error, como también lo hace tu hijx.
El error forma parte de nuestras vidas. Es una realidad, vivimos con él. Es necesario darle su lugar. Reconocer, respetar e integrarlo en nuestras vidas es esencial pues es precisamente ese error el que no hace avanzar.
En nuestras escuelas y hogares, los premios para alentar el éxito y los castigos para señalar el fracaso, es una práctica muy extendida y a veces, poco cuestionada. Sin embargo, mirad, premiar o castigar no ayuda al niñx a sentirse autonómo en sus acciones. Todo lo contrario, lo hace dependiente e indeciso en sus acciones. Señalar un error, es simplemente, describir una acción: "no sabes llevar el vaso de agua sin derrarmarlo". ¿Y qué ayuda esto al niñx? Ya lo sabe, lo está viendo igual que tú. "Anda, dame, que ya lo llevo yo". El mensaje que le transmitimos, ofende. Piénsalo bien. A ti te ofendería que hicieran algo por ti señalando tu error. Pero no sólo ofende. Inhibe. Inhibe su espontaneidad y reduce su interés y energía que pone en hacer y aprender cosas nuevas. Luego, cuando crece, es pre o adolescente, caemos en que no sabe hacer nada por sí sólo, que para todo necesita de nuestra aprobación y que no sabe por dónde empezar a hacer las cosas.
María Montessori decía en su libro la Mente Absorbente, que el error y la capacidad de controlarlo es una guía que indica si estamos en el buen camino. Dejemos que aprenda de su error. Armémonos de paciencia. Tirará mucha agua y romperá vasos. Solo necesita volverlo a hacer, tantas veces como necesite para ir perfeccionándose. Lo acabará haciendo. Y se sentirá válido, confiado, seguro. Aprenderá no solo a llevar un vaso sin derrarmarlo sino que es capaz de hacer cosas por sí sólo, sin ayuda. ¡Qué mejor aprendizaje que ese! Cuánta confianza y seguridad habrá ganado. 
¿Qué ocurre cuando nosotrxs nos equivocamos delante de ellxs? Los adultos solemos atribuirle connotaciones negativas al error. Lxs niñxs, no. Para ellxs es algo natural, espontáneo y necesario para su crecimiento. Entonces, ¡vamos a normalizar el error en nuestros entornos! No supone que lxs niñxs nos pierdan el respeto. Todo lo contrario. Une, cohesiona. Lxs niñxs empatizan con los errores de los demás, es algo natural para ellxs. Que lo vean reconocidos en sus figuras de referencia (padres/madres, educadorxs, abuelxs, etc.) crea un ambiente de afecto mutuo. 
Los errores nos aproximan. La fraternidad nace más fácilmente en el camino de los errores que en el de la perfección
María Montessori, La Mente Aborbente.