Cuando lo que decimos a nuestrxs pequeñxs conforma su identidad
La otra tarde, Martín tuvo una mala tarde. Se encontraba cansado y su llanto era casi continuo. Todo era motivo de queja, enfado y llanto. De vuelta a casa, nos cruzamos con una persona que, con la buena intención de aliviar a Martín de su pesar, le dijo que tenía que sonreír, "eres un llorón" -comentó-
Eres un llorón. Es una afirmación en toda regla. O una sentencia. Es como si dices: eres rubio. Lo eres ahora y lo serás más adelante. Es una cualidad tuya. Ese eres tú. Tu imagen. Tu identidad.
Recuerdo como Martín se encontró con mi mirada de acogimiento al oír a aquella persona. "No, Martín. No eres un llorón. Hoy estás cansado y necesitas llorar."
La comunicación y la identidad van muy conectadas. Los mensajes que recibimos de las personas que nos rodean, van constituyendo nuestra identidad. Hoy en día, somos cada vez más conscientes de la necesidad de que nuestrxs pequeñxs expresen sus emociones, sin que por ello tengamos que etiquetarlos. Dejando a un lado las connotaciones negativas que tienen asociadas ciertas emociones (enfado, rabia, llanto, tristeza...) y acogiéndolas tal y como harías con otra persona adulta, nuestrxs pequeñxs partirán en mejor disposición para gestionarlas.
Entonces ¿y si probamos a sustituir el eres un llorón por hoy estás llorando mucho, ¿puedo ayudarte?
La comunicación es un tema que siempre me ha atraído. Consciente del poder que tiene, trato de cuidar las palabras que elijo para comunicar algo. El lenguaje debería ser asertivo pero no siempre lo es y a veces, en lugar de acoger, incendia. En el hogar de madre de día, todo se habla, se define y da nombre, se identifica y reconoce, se acuerda y resuelve. Educar en el reconocimiento de emociones propias y ajenas así como en valores de respeto hacia uno mismo y hacia el otro, es la paz de una comunidad futura.
