Alimentación, ¿qué aprenden mientras comen?
¿Fácil? En principio, sí. Pero influyen tantos factores...
Habitualmente se inicia la alimentación complementaria a partir de los 6 meses aunque bien podría empezarse a los 12 meses. Pero a veces, nos vemos en la necesidad de introducir algunos alimentos antes, por ejemplo, cuando nos incorporamos al trabajo, pasamos horas fuera de casa y queremos que nuestrxs pequeñxs reciban algo más de alimento. Y en ese momento, pueden que no estén prepradxs físicamente para iniciar BLW o no sientan atracción alguna por coger y probar la comida que preparamos.
Otras veces, cuando los dejamos al cuidado de otras personas, familiares o profesionales, se opta por utilizar alimentos triturados, preparados en purés, cremas o papillas, por miedo o temor a los atragantamientos.
Todas estas situaciones son habituales e igualmente respetables las opciones que elijamos. Hacemos lo que podemos. Esa es la premisa que sigo y especialmente sanadora cuando sacamos el látigo a pasear.
La crianza es un constante aprendizaje. Nos pone a prueba, hace tambalear nuestras creencias y cuestionarnos muchas cosas del día a día. Pues eso, hacemos lo que podemos. Lo importante es poner conciencia en lo que hacemos y la mejor de nuestras intenciones. No hay una opción mejor que otra, sólo aquella que mejor se adapta a la edad de nuestxs pequeñxs y circunstancias del momento.
Pero ¿por qué no tendríamos que dejar de lado los principios del método BLW?
El aprendizaje que hacen los bebés a través del método BLW tiene un gran valor para su autonomía, pues se alimentan por sí solos reconociendo la sensación de necesidad y saciedad. Además, a mi juicio, facilita el aprecio por la comida y el interés por descubrir alimentos. Así que aunque no se pueda o quiera seguir este método a raja tabla, es recomendable buscar momentos del día donde se le ofrezca alimentos enteros y se les deje por sí solos descubrir, probar, experimentar, manejar cuchara y tenedor, usar vasos, etc.
Cuando los bebés descubren el acto de alimentarse por sí mismos, todo cambiará. Os lo puedo asegurar. Poco a poco, serán ellxs quienes os demanden "más libertad" a la hora de comer. Es muy posible, por ejemplo, que no admitan que se les acerque una cuchara o tenedor a la boca sino ser ellxs quienes decidan cuándo llevar el bocado a su boca. Y ésto es bueno, muy bueno. Una vez más, toca confiar en ellxs. Pueden hacerlo. Y lo hacen.
Sólo dos cosas. La primera, fuera expectativas y exigencias. Y segundo, paciencia pues tirarán comida al suelo, derramarán líquido, etc. Teniendo esto en cuenta, sólo queda medirnos y buscar el momento adecuado o apoyos necesarios en el caso (físico y/o moral) para acompañarlos.
El aprendizaje que le habremos facilitado como adultos será muy valioso yendo más allá del acto de alimentarse. Estarán conectados con sus necesidades. Serán cada día más autónomos en este proceso pues la coordinación de movimientos se irá perfeccionando. Su autoestima y concepto de sí mismxs estarán reforzados.
Si a todo esto le unimos brindarles la oportunidad de comer a la mesa como el resto de miembros de la familia, sentarse en una silla en la que puedan subir y bajar sólxs cuando estén preparados para ello, preparar la mesa o llevar algunos utensilios e incluso preparar algunos alimentos, harán que vivan estos momentos del día con naturalidad siendo partícipes de la vida familiar.
En mi hogar de madre de día, la alimentación como necesidad vital se atiende acompañando a los pequeños en su momento evolutivo e intereses al respecto así se entiende que cada niñx tiene su propio proceso, que no todxs tienen el mismo apetito o les gusta los mismos alimentos, que descubren sabores nuevos y atracción por alimentos que antes no tenían, etc. El entorno también favorece la autonomía, la participación en tareas y el tiempo que necesitan.
