¿Qué tienen en común infancia y adolescencia?
"El desarrollo es una sucesión de nacimientos"Esta expresión fue la que utilizó María Montessori para explicar los planos de desarrollo por el que todo ser humano transcurre. Ella, que dedicó su vida a registrar datos, analizarlos y darles forma en su teoría (entre otros muchos trabajos), se marchó dejando un legado inmejorable para comprender la evolución del ser humano.
Infancia y Adolescencia
Primera y tercera etapa del desarrollo. Ambas marcadas en rojo. Ambas representando unos periodos de grandes transformaciones a nivel psicológico y físico.
Infancia: embrión espiritual. Adolescencia: embrión social
"La primera infancia es el periodo más delicado de la vida humana", se atrevió a decir María Montessori en su discurso durante el VIII Congreso Internacional Montessori.
Así de gráfico lo explicaba ella usando la teoría del Bulbo:
![]() |
| Fuente: Web de Montessori en Casa |
Delicado, ¡no le faltaba razón!
Durante la primera infancia (de 0 a 3 años) el/la niño/a es un ser puro que comienzan a formarse de manera inconsciente para llegar a ser una persona adulta. Durante este periodo se asienta las bases de su inteligencia y salud psíquica desarrollando el pensamiento, el lenguaje y las emociones. Pero además, adquiere independencia física, es capaz de moverse y desplazarse por sí sólo/a.
Todo esto lo hace sólo. Son sus logros. Son años de evolución de la especie humana. Venimos a esto.
¿Por qué entonces es tan delicada esta etapa? Durante este periodo absorbe las experiencias de su entorno de forma inconsciente, influyendo en su pensamiento y en el registro de emociones que les causa sus vivencias. Lo que hace delicada esta etapa es el acompañamiento que ofrecemos las personas adultas, la mirada que dirigimos hacia nuestros pequeños.
El acompañamiento del adulto consciente
Así es. Durante los primeros tres años de vida, ellxs nos necesitan. Pero nos necesitan conscientes de los delicados que son. Son las personas adultas que deseamos para nuestro entorno, nuestra comunidad, nuestra humanidad. Y esto, cuando alguien lo ve con claridad, resulta abrumadora tanta responsabilidad.
Sí, ahora son personas pequeñas pero se están formando. Y nosotrxs con ellas. Hemos crecido creyendo que los premios y castigos enseñan. Que llorar es malo. Que mostrar nuestro enfado no es agradable. Que ser diferente, excluye. Que hacer lo mismo (aunque no nos apetezca), es lo aceptable.
Pensemos entonces en la importancia de regalar a nuestrxs hijxs menores de tres años un espacio donde crezcan sintiéndose seguros, amados y respetados. Un espacio que favorezca su autonomía en sus movimientos y actos, permitiendo que cada uno/a manipule e interaccione con aquello que necesita en cada momento evolutivo. Un hogar donde se respete sus emociones y se atienda sus demandas de forma individualizada. Una enseñanza cuidada proporcionando ambientes preparados y materiales enriquecedores.
El hogar es ese lugar. Las mamás y papás, esas figuras de referencia. Pero no siempre es posible si trabajamos fuera de casa. ¿Y si vuestro/x hijx pudiera continuar como en casa? Esto es posible en el hogar de madre de día. ¿Ya me conoces?

