Soy el hermano mayor
Celos. Enfados. Llantos. Empujones. Manotazos. Rivalidad. Propiedad. Demanda.
Son escenas habituales entre hermanos. Y es que ser hermano mayor no es fácil. Tampoco lo es ser la hermana menor.
Como padres, buscar siempre el equilibrio, es tan complicado como agotador. Los conflictos entre ellos son necesarios e inevitables. Están buscando su lugar. Aprenden a defenderse (pegando o gritando, da igual, es su instinto).
¿Qué hacer entonces?Lo que nos sale automáticamente es intervenir con nuestra intención de finalizar con su malestar, de ayudarles a resolver el conflicto. Y nos adelantamos en esto.
Quizás lleguemos a una solución a la que ellos no llegarían por sí solos (por su madurez o por su voluntad). Y desequilibramos la balanza entre ellos. Tomar parte es, precisamente, posicionarse. Y es muy difícil hacerlo hacia ambos lados.
En su lugar, busco acompañar. Validar su emoción cuando acuden en busca de refugio y atención. "Veo que estás enfadado. Te entiendo. Es normal que te sientas así". Sólo entonces, aparezco para proponer una alternativa. Y respeto si no es aceptada: "la hermana no quiere dejar ese juguete. Quizás puedas decirle que cuando ya no quiera jugar más con él, te lo de".
Doy fe que, en muchas ocasiones, esto no pondrá punto y final a su conflicto, continuará el llanto o los gritos. Pero le sostendrá. Se sentirá comprendido. Y los dos por igual, respetados.
Ser hermano mayor, es ser el primero.
El primer bebé de la casa, el que recibe toda la atención en el tiempo que disponemos. Disponía de toda la casa, de todos los juegos. Y ahora, ya no es el único. A menudo tiene que escuchar comentarios como "primero la hermana que ella no entiende de esperas", "déjaselo a la hermana que tu ya eres mayor", "esto ya no es para ti", etc.
Estas frases esconden una buena intención pero son dañinas, ¡para ambos! Y antinaturales. Vuelven a entorpecer su equilibrio.
En casa, si Martín juega con algo y Julia lo quiere también, no usamos estas frases. Le damos su lugar a Martín, reconociendo y respetándolo, tratando entre los dos de ofrecer una alternativa para la pequeña.
También busco un espacio de tiempo en exclusividad, sólo él y yo (y a él se lo digo con énfasis). Un cuento antes de dormir. Un paseo exprés para hacer un recado o montar en bici. Un baño solitos en la piscina del abuelo para ponernos al día de los avances...
Hermano mayor y hermana menor reciben atenciones y respuestas a sus demandas, sólo que tratamos de respetar el orden de llegada a la familia. Martín ya tenía su lugar en casa cuando llegó su hermana. Es injusto arrebatárselo. Julia crecerá ocupando el suyo basado en el respeto hacia su hermano y hacia ella misma así como en el amor incondicional de sus padres.
Y en esta camino andamos... día a día, con baches y nuevos aprendizajes pero creciendo juntos.
Estas frases esconden una buena intención pero son dañinas, ¡para ambos! Y antinaturales. Vuelven a entorpecer su equilibrio.
En casa, si Martín juega con algo y Julia lo quiere también, no usamos estas frases. Le damos su lugar a Martín, reconociendo y respetándolo, tratando entre los dos de ofrecer una alternativa para la pequeña.
También busco un espacio de tiempo en exclusividad, sólo él y yo (y a él se lo digo con énfasis). Un cuento antes de dormir. Un paseo exprés para hacer un recado o montar en bici. Un baño solitos en la piscina del abuelo para ponernos al día de los avances...
Hermano mayor y hermana menor reciben atenciones y respuestas a sus demandas, sólo que tratamos de respetar el orden de llegada a la familia. Martín ya tenía su lugar en casa cuando llegó su hermana. Es injusto arrebatárselo. Julia crecerá ocupando el suyo basado en el respeto hacia su hermano y hacia ella misma así como en el amor incondicional de sus padres.
Y en esta camino andamos... día a día, con baches y nuevos aprendizajes pero creciendo juntos.
